domingo, 1 de noviembre de 2015

Carcassonne




Origen:
El juego Carcassonne toma su nombre de un maravilloso pueblo de Francia, Carcasona (Carcassonne en francés). Éste luce un fantástico castillo que hace las delicias del visitante y que inspira el porqué de la estética de este juego.
Allá por 2000, Klaus-Jürgen Wrede, esloveno, creó un juego basado en crear un mapa donde el secreto del ocio está en el reparto de puntuación según la estrategia que siguiera cada jugador colocando muñequitos en ciudades, caminos o campo (granjas) al crear un mapa ficha a ficha. Cada juego inspira un mapa nuevo debido a que las fichas se eligen aleatoriamente de una bolsa.

Estética:
El aspecto del juego es bastante sencillo. Es un juego que cuesta 20 euros, y la caja trae lo necesario. Unos muñequitos de colores hechos de madera, las fichas, las instrucciones y una estructura para sujetar las fichas en relativo orden cuando se guarda. Alguna versión más lujosa añade un saquito de tela para mezclar las fichas.

Las ilustraciones son de estética clásica, en acuarelas, que da luminosidad a los dibujos, y sin mucha complicación, pero funcionan a las mil maravillas. Y la imagen del mapa acaba siendo visual, rápida, fresca gracias al estilo de las acuarelas y que facilita jugar con rapidez.
Método de juego:
Es un juego que sin expansiones permite jugar a entre 2 y 5 jugadores. Una expansión ofrece la posibilidad de un sexto jugador.

Las partidas comienzan con un reparto de los muñequitos de colores para cada participante y la primera pieza del mapa que se creará turno a turno. Las piezas se pondrán seleccionando aleatoriamente cada jugador una de una bolsa. La pieza puede tener, ciudad, camino, campo y abadías. En ocasiones solo uno de ellos y en otras ocasiones, varios. Las piezas han de coincidir con las de alrededor, formando ciudades sin bloquear caminos, alargando caminos sin que suponga un corte brusco con otras piezas, y rodeando abadías con terreno correctamente conectado. Mientras, podremos decidir si colocamos un personaje en el terreno que estemos creando.

Los personajes solo se pueden poner si el espacio creado es exclusivo de ese personaje, de modo que si se cerrara esa ciudad, camino o campo en ese mismo momento, ningún otro muñequito lo compartiera. Otro tema es que al añadir otra pieza más adelante, se unan zonas que antes estaban aisladas y varios muñequitos compartan ese espacio. Este es el quid de la cuestión. Ahí está el juego, en conseguir quedarte con los puntos colocando estratégicamente los muñecos para que arrebaten puntos a otros jugadores.

Crear ciudades con muñequito otorga una recompensa en puntos; acabar caminos con muñequito da puntos; y al final del juego, se recogen puntos de ciudades y caminos no resueltos y del reparto de granjeros que, una vez puestos en tablero en partida, no se pueden recoger hasta el final. La suma da el resultado que define al ganador de la partida.

Es un formato muy sencillo, que se puede aderezar con ciertos añadidos, como las abadías, el río, y expansiones varias, y que ofrece el disfrute con partidas de entre 30 y 75 minutos.

Conclusión:
Es un juego de una estrategia muy simple pero muy sutil. No lleva grandes complicaciones pues su funcionamiento es muy básico y accesible casi a cualquiera desde la primera partida.

En mi opinión es un juego merecedor de un lugar en la historia de los juegos de mesa. Es entretenido y da pie a conversaciones mientras se crea el mapa y finaliza partidas con un deseo fantástico de revancha. La resolución de puntos no suele llevar discrepancias porque los errores y los intentos de trampas (siempre sin querer, claro) se suelen detectar casi en el momento. Y el ganador suele ganar por una mezcla de buena estrategia y suerte. Vamos, un juego de 10.