Origen:
El juego Carcassonne toma
su nombre de un maravilloso pueblo de Francia, Carcasona (Carcassonne
en francés). Éste luce un fantástico castillo que hace las
delicias del visitante y que inspira el porqué de la estética de
este juego.
Allá por 2000,
Klaus-Jürgen Wrede, esloveno, creó un juego basado en crear un mapa
donde el secreto del ocio está en el reparto de puntuación según
la estrategia que siguiera cada jugador colocando muñequitos en
ciudades, caminos o campo (granjas) al crear un mapa ficha a ficha.
Cada juego inspira un mapa nuevo debido a que las fichas se eligen
aleatoriamente de una bolsa.
Estética:
El aspecto del juego es
bastante sencillo. Es un juego que cuesta 20 euros, y la caja trae lo
necesario. Unos muñequitos de colores hechos de madera, las fichas,
las instrucciones y una estructura para sujetar las fichas en
relativo orden cuando se guarda. Alguna versión más lujosa añade
un saquito de tela para mezclar las fichas.
Las ilustraciones son de
estética clásica, en acuarelas, que da luminosidad a los dibujos, y
sin mucha complicación, pero funcionan a las mil maravillas. Y la
imagen del mapa acaba siendo visual, rápida, fresca gracias al
estilo de las acuarelas y que facilita jugar con rapidez.
Método de juego:
Es un juego que sin
expansiones permite jugar a entre 2 y 5 jugadores. Una expansión
ofrece la posibilidad de un sexto jugador.
Las partidas comienzan
con un reparto de los muñequitos de colores para cada participante y
la primera pieza del mapa que se creará turno a turno. Las piezas se
pondrán seleccionando aleatoriamente cada jugador una de una bolsa.
La pieza puede tener, ciudad, camino, campo y abadías. En ocasiones
solo uno de ellos y en otras ocasiones, varios. Las piezas han de
coincidir con las de alrededor, formando ciudades sin bloquear
caminos, alargando caminos sin que suponga un corte brusco con otras
piezas, y rodeando abadías con terreno correctamente conectado.
Mientras, podremos decidir si colocamos un personaje en el terreno
que estemos creando.
Los personajes solo se
pueden poner si el espacio creado es exclusivo de ese personaje, de
modo que si se cerrara esa ciudad, camino o campo en ese mismo
momento, ningún otro muñequito lo compartiera. Otro tema es que al
añadir otra pieza más adelante, se unan zonas que antes estaban
aisladas y varios muñequitos compartan ese espacio. Este es el quid
de la cuestión. Ahí está el juego, en conseguir quedarte con los
puntos colocando estratégicamente los muñecos para que arrebaten
puntos a otros jugadores.
Crear ciudades con
muñequito otorga una recompensa en puntos; acabar caminos con
muñequito da puntos; y al final del juego, se recogen puntos de
ciudades y caminos no resueltos y del reparto de granjeros que, una
vez puestos en tablero en partida, no se pueden recoger hasta el
final. La suma da el resultado que define al ganador de la partida.
Es un formato muy
sencillo, que se puede aderezar con ciertos añadidos, como las
abadías, el río, y expansiones varias, y que ofrece el disfrute con
partidas de entre 30 y 75 minutos.
Conclusión:
Es un juego de una
estrategia muy simple pero muy sutil. No lleva grandes complicaciones
pues su funcionamiento es muy básico y accesible casi a cualquiera
desde la primera partida.
En mi opinión es un
juego merecedor de un lugar en la historia de los juegos de mesa. Es
entretenido y da pie a conversaciones mientras se crea el mapa y
finaliza partidas con un deseo fantástico de revancha. La resolución
de puntos no suele llevar discrepancias porque los errores y los
intentos de trampas (siempre sin querer, claro) se suelen detectar
casi en el momento. Y el ganador suele ganar por una mezcla de buena
estrategia y suerte. Vamos, un juego de 10.



No hay comentarios:
Publicar un comentario